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Toulouse: la tercera ciudad más visitada de Francia está cerca

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El Museo de Historia Natural es el segundo más grande de Francia. La basílica de San Saturnino (siglos XI y XIV) es patrimonio de la humanidad. La oficina de turismo ofrece itinerarios a medida (en español los sábados).

Es la tercera ciudad más visitada de Francia, con cinco millones de turistas anuales. Si llegamos de noche a Toulouse, no hay que perderse un paseo por las calles del centro y el Capitole, actual Plaza del Ayuntamiento. También interesa darse una vuelta por el Garona. La zona no está muy iluminada, pero la atmósfera tenue y sus calles animadas por el ambiente universitario harán que la caminata merezca la pena. El Ayuntamiento ha iluminado recientemente el río con luces que cambian de color en los puentes, todo un espectáculo.

Si llegamos a Occitania de día, y nuestra ruta empieza en Toulouse, también podemos empezar por el Capitole, el edificio del Ayuntamiento. Se puede visitar y es una oportunidad para conocer más acerca de la historia de la ciudad a través de las pinturas de la Sala de los Ilustres, donde se celebran bodas civiles. Al salir, proponemos parada en el mercado de la plaza, abierto todos los días excepto domingo y lunes.

No olviden dejar un hueco en la maleta para comprar gourmandises, porque no podrán resistirse: quesos, vinos, galletas provenzales o hierbas para condimentar sus platos al volver a casa…

Si algo le sobra a Toulouse, son curiosidades. Hay museos para todos los gustos. Una oferta variopinta para grandes y pequeños, como la que podemos disfrutar en La Cité de l’Espace o en el Museo de Historia Natural, el segundo más grande de Francia por detrás del de París, con una colección de casi 10.000 piezas.

Edificios “pasteleros” Pero uno de los más curiosos es el dedicado al “pastel”. Si en Midi-Pyrénées alguien les habla de los edificios “pasteleros”, nada tiene que ver con la repostería. Durante el Renacimiento, Toulouse fue el epicentro del comercio de pastel, la única hierba disponible en Europa capaz de producir pigmento azul. Toda una fuente de riqueza para la industria textil y para los artistas, que generó un patrimonio incalculable que se tradujo en muchos de los edificios y palacetes de la zona. Parte de la Catedral de Albi también contó con la financiación de estos mecenas llamados “pasteleros”.

El Museo del Pastel nos cuenta la historia de este cultivo que revolucionó el textil y que hoy sirve incluso para tratamientos de belleza, por sus propiedades antioxidantes. Si tienen tiempo de disfrutarlas, pueden hacerlo en este espacio que es también spa, gimnasio y restaurante.

La oficina de turismo de Toulouse ofrece itinerarios a medida para descubrir la ciudad –con guía en español los sábados por la mañana–. La cita empieza siempre en la plaza Charles de Gaulle, que acaba de ser restaurada, con cinco rutas posibles: lo esencial de la ciudad, arte e historia, callejuelas y mansiones, la Toulouse “verde” y un paseo a orillas del río Garona.

Sea cual sea la ruta elegida, no pueden perderse la basílica de San Saturnino, dedicada al primer obispo de la Ciudad. Fue construida entre los siglos XI y XIV y declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, y es la segunda iglesia del mundo con más relicarios después del Vaticano.

También merece la pena pararse en el convento de los Jacobinos, que esconde una agitada historia. Después de la revolución francesa fue vendida como bien nacional y ocupada por el ejército de Napoleón. Desde 1979 es el escenario del festival de piano de Toulouse.

Si se pierden por el centro de la ciudad pueden pararse a comer en La Perche Pinte, un pequeño bistrot muy cálido y acogedor en el que podemos disfrutar de buenos platos locales a precios muy asequibles gracias a las formules midi –menús de mediodía- que incluyen postres deliciosos y buenos vinos. Si estamos por el Capitole podemos cenar en Le Bibent, el restaurante tolosano de Christian Constant, que tiene una estrella Michelín en París. Una opción irresistible es el tartar de salmón y ostras, con un toque de jengibre. Su tarta de chocolate tiene fama -merecida-.

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